*Por Juan Querol, Industrial & Retail Broker, Cushman & Wakefield Argentina
Hay una particularidad del mercado inmobiliario industrial que no siempre se comprende desde afuera: las decisiones de espacio nunca son decisiones de espacio. Son decisiones de operación. Una empresa que busca una nave logística no está pensando en metros cuadrados; está pensando en tiempos de entrega, en costos de distribución, en acceso a rutas, en disponibilidad de personal. El real estate es el medio, no el fin. Y cuando uno internaliza esa lógica, empieza a leer el mercado de otra manera.
La absorción neta del primer trimestre de 2026 fue de 15.170 m², una caída pronunciada respecto de los 85.385 m² registrados en el cierre del año pasado. Visto así, el número invita a una conclusión pesimista. Pero hay dos elementos que la contradicen. El primero es la comparación interanual: en el mismo trimestre de 2025, la absorción había sido negativa, de casi 28.000 m². El segundo es la estabilidad de los indicadores estructurales: la vacancia se mantuvo en 6,5% y el precio promedio en USD 7,2 por metro cuadrado por mes, sin variaciones respecto del trimestre anterior. Un mercado que genuinamente desacelera no sostiene esa combinación.
Lo que está cambiando, en todo caso, es la forma en que el mercado crece. Y ese cambio me parece más relevante que el dato de absorción en sí mismo.
Durante varios años, una parte importante de la nueva oferta se incorporó de manera especulativa: desarrolladores que construían anticipando una demanda que esperaban capturar. Esa lógica funcionó mientras el mercado crecía con fuerza. Hoy funciona diferente. Los proyectos avanzan a obra cuando hay certidumbre comercial del otro lado — y en muchos casos, cuando hay un usuario específico comprometido de antemano. El anuncio reciente de un nuevo desarrollo build-to-suit para Mercado Libre en Escobar es un ejemplo concreto de esa dinámica: no es una nave construida en anticipación, sino una respuesta a una necesidad real. La demanda tracciona la oferta, y eso le aporta al mercado una previsibilidad que antes no tenía.
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Esa misma lógica explica la geografía de la actividad. Zona Norte concentró la mayor parte de la absorción del trimestre, especialmente en el Triángulo de San Eduardo y el Radio 2. Son los corredores con mejor infraestructura, mayor conectividad y una masa crítica de operadores logísticos consolidada. Las empresas no los eligen por inercia; los eligen porque tienen sentido operativo. En el extremo opuesto, Zona Sur opera con una vacancia de apenas 1,4% — prácticamente sin disponibilidad — lo que refleja una demanda sostenida en un corredor que todavía tiene margen para crecer en oferta.
De cara a los próximos meses, el mercado cuenta con 194.000 m² en construcción, concentrados principalmente en Zona Norte, la mayoría bajo esquemas acordados con usuarios específicos. No es oferta especulativa; es oferta comprometida. En un mercado con una vacancia estructuralmente baja, esa distinción importa: habla de un sector que aprendió a crecer con más criterio.
Para quienes están evaluando una decisión inmobiliaria industrial, el escenario es claro: los activos de calidad en ubicaciones consolidadas se absorben rápido y se negocian con poco margen. Las oportunidades existen, pero requieren estrategia, información y velocidad de decisión.
El mercado industrial no creció menos este trimestre. Creció distinto.

