En un contexto global marcado por un cambio demográfico acelerado, el Planetario de Buenos Aires fue escenario de un debate que puso en primer plano uno de los desafíos más relevantes del siglo XXI: cómo adaptarse a una sociedad cada vez más longeva. Bajo el título “De las ciudades azules a Buenos Aires: el desafío de gestionar el cambio demográfico a tiempo”, el encuentro organizado por The Shift reunió a especialistas y referentes para reflexionar sobre el impacto de esta transformación en las ciudades, la economía y la vida cotidiana.
Con más de 200 asistentes, la jornada dejó en claro que el fenómeno ya no pertenece al futuro. La caída sostenida de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida —que se extendió en unos 30 años durante el último siglo— están redefiniendo la estructura social a nivel mundial. Se estima que hacia 2030 habrá más de 1.000 millones de personas mayores de 65 años, una cifra que obliga a repensar modelos productivos, sistemas de salud y políticas públicas.
En la apertura, Andrea Falcone, fundadora de The Shift y referente en LATAM , planteó la urgencia del tema con una definición contundente: “cuando el liderazgo no define el rumbo, lo hace la inercia”. Su mensaje apuntó a la necesidad de anticiparse a los cambios y no limitarse a reaccionar cuando las transformaciones ya están en marcha.
Desde el ámbito público, Gabriel Mraida, ministro de Desarrollo Humano y Hábitat de CABA, aportó un dato que refleja la magnitud del fenómeno en la Ciudad de Buenos Aires: el 25% de sus habitantes tiene más de 60 años. Lejos de tratarse de una tendencia lejana, el envejecimiento poblacional ya es una realidad tangible que exige respuestas concretas en términos de infraestructura, servicios y planificación urbana.
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El economista Rafael Rofman introdujo una de las ideas más resonantes del encuentro al señalar que “las sociedades son como las personas: tienen que hacerse ricas antes de hacerse viejas, porque después es demasiado tarde”. Su intervención puso el foco en la sostenibilidad económica de los sistemas previsionales y en la necesidad de generar riqueza antes de que el envejecimiento limite las posibilidades de crecimiento.
Desde la perspectiva de la salud, Guillermo Capuya invitó a repensar la noción de edad al afirmar que cada persona convive con cuatro dimensiones: la cronológica, la percibida por otros, la autopercibida y la biológica. En ese marco, subrayó que la prevención debe entenderse como una inversión y no como un costo, y recomendó hábitos concretos como mantener una dieta equilibrada, dormir adecuadamente y sostener la actividad física para preservar la calidad de vida.
Impactos financieros y psicológicos
Por su parte, Claudio Zuchovicki abordó las implicancias financieras del cambio demográfico. Advirtió que el aumento de la población mayor frente a una menor proporción de jóvenes transformará profundamente la economía y cuestionó la viabilidad de depender exclusivamente de las jubilaciones. “¿Alguien espera vivir de su jubilación? No, nadie”, afirmó, al tiempo que instó a planificar de manera activa el futuro individual.
El cierre conceptual estuvo a cargo del psiquiatra José Eduardo Abadi, quien propuso una mirada más existencial sobre la longevidad. A través de una pregunta simple —“¿Qué más tenés para contar?”—, planteó que esta etapa de la vida no debe concebirse como un retiro pasivo, sino como una oportunidad para seguir creando, vincularse afectivamente y sostener el deseo.
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A lo largo del encuentro, quedó claro que el cambio demográfico no es un proceso reversible ni desacelerado. Por el contrario, se expande y se profundiza, lo que exige decisiones estratégicas en múltiples niveles. La premisa que atravesó toda la jornada —“estamos a tiempo, pero no por mucho”— sintetiza la urgencia de actuar frente a una transformación que ya redefine el presente.
Detrás de esta agenda se encuentra The Shift, una iniciativa que desde hace años impulsa la adaptación de organizaciones, gobiernos y líderes a la nueva longevidad. A través de eventos, programas de formación y alianzas con actores públicos y privados, el espacio busca convertir este fenómeno en una oportunidad, promoviendo herramientas concretas para transitar una transición demográfica que, lejos de ser una amenaza, puede abrir nuevas posibilidades de desarrollo económico y social.

