Durante mucho tiempo, hablar de estaciones de carga para vehículos eléctricos en Argentina significaba pensar casi exclusivamente en autos particulares. Sin embargo, ese escenario empieza a cambiar. La expansión de la infraestructura de carga no solo acompaña el crecimiento de los vehículos eléctricos e híbridos enchufables, sino que también sienta las bases para uno de los desafíos más importantes de los próximos años: la electrificación del transporte de cargas y de las flotas logísticas.
El país ya supera los 230 puntos de carga distribuidos entre rutas, ciudades y centros urbanos. Si bien la mayor parte de los usuarios actuales corresponde al segmento de vehículos particulares, la construcción de corredores eléctricos representa una inversión que trasciende ese mercado. Sin una red confiable de abastecimiento energético resulta prácticamente imposible que empresas de logística, operadores de última milla o transportistas incorporen vehículos eléctricos a gran escala.
La infraestructura comienza a responder a esa necesidad con Buenos Aires concentrando la mayor cantidad de cargadores, pero la cobertura también se expande hacia los principales corredores nacionales, conectando destinos estratégicos para la actividad económica. Esa evolución permite reducir una de las principales barreras de la electromovilidad: la incertidumbre sobre dónde recargar durante un viaje.
Los súper cargadores de YPF
En ese proceso, YPF se convirtió en uno de los principales protagonistas. La petrolera instaló cargadores rápidos sobre corredores como la Ruta Nacional 9, que conecta Buenos Aires con Rosario, Santa Fe y Córdoba, además de la Ruta 2 hacia la Costa Atlántica. Los equipos permiten recuperar cerca del 80% de la batería en unos 30 minutos, una prestación que resulta especialmente valiosa para vehículos comerciales que necesitan minimizar los tiempos de detención.
Shell también avanza con una estrategia similar con corredores eléctricos entre Buenos Aires y Córdoba, además del corredor hacia la Costa Atlántica, mientras trabaja para completar la infraestructura sobre las rutas nacionales 7 y 14, dos ejes fundamentales para el comercio con Chile, Uruguay y Brasil. La consolidación de estos recorridos no solo favorece la movilidad particular, sino que también comienza a delinear una red apta para futuros servicios logísticos electrificados. Todas las compañías presentan sus puntos de carga en su sitio web o app.
¿Habrá impacto en la logística?
Con la incorporación de operadores especializados como Chargebox Net, cuya red continúa creciendo en estaciones de servicio, hoteles, restaurantes, supermercados, centros comerciales y playas de estacionamiento, crece la posibilidad de que se interesen empresas con flotas urbanas, ya que permite aprovechar tiempos de carga mientras los vehículos realizan entregas, descansos operativos o tareas de distribución.
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La logística aparece como uno de los sectores con mayor potencial para incorporar movilidad eléctrica. En muchas ciudades del mundo, las primeras aplicaciones exitosas se dieron en utilitarios, vans y camiones livianos destinados a la distribución urbana, donde los recorridos diarios son previsibles y las distancias permiten operar sin inconvenientes de autonomía. Argentina todavía transita una etapa inicial, pero la expansión de la infraestructura acerca ese escenario.
Otro de los proyectos que puede acelerar ese proceso es la alianza entre YPF y Tesla para desplegar una red nacional de supercargadores. El plan contempla los primeros corredores entre Buenos Aires y Mar del Plata, Mendoza, Santa Fe y Córdoba, con el objetivo de extender posteriormente la cobertura hacia el norte del país y Ushuaia. Para el transporte de cargas, estos ejes constituyen la base sobre la cual podrán desarrollarse nuevas operaciones logísticas con vehículos de cero emisiones.
La conectividad regional también adquiere un papel cada vez más relevante y la posibilidad de enlazar los corredores argentinos con las redes de carga ya existentes en Chile, Uruguay y Brasil facilitará tanto el movimiento de vehículos particulares como el de futuras flotas comerciales que realicen operaciones internacionales, un aspecto que gana importancia a medida que crecen las exigencias ambientales dentro de las cadenas de suministro.
La transición hacia la electromovilidad todavía tiene desafíos por delante. La cantidad de vehículos eléctricos sigue siendo reducida y la inversión en infraestructura deberá continuar durante varios años. Sin embargo, el despliegue de nuevas estaciones de carga muestra que el país empieza a construir un ecosistema mucho más amplio que el mercado de autos particulares.

