La reputación corporativa atraviesa un cambio estructural. En un ecosistema dominado por buscadores con inteligencia artificial, feeds personalizados y asistentes generativos, la percepción pública ya no se construye únicamente a partir de lo que comunican las organizaciones, sino de cómo los algoritmos interpretan y amplifican esos mensajes.
En Latinoamérica, la polarización, la velocidad de circulación del contenido y la fragmentación del ecosistema mediático profundizan este desafío.
Te puede interesar: Inteligencia artificial busca reducir errores en el comercio internacional
Algoritmos como coproductores de reputación
“Los algoritmos no solo distribuyen contenido, también condicionan la percepción que el público desarrolla de una marca”, explica Roger Darashah, socio y cofundador de Latam Intersect. Comunicados y declaraciones pueden ser resumidos o reinterpretados por la IA, priorizando lo emocional y fijando narrativas que luego resultan difíciles de revertir.
Nuevos riesgos reputacionales impulsados por IA
Deepfakes, campañas automatizadas y desinformación cada vez más sofisticada generan nuevos riesgos para las organizaciones. “Hoy no se trata de rumores espontáneos, sino de campañas planificadas que utilizan tecnología y segmentación para parecer legítimas”, advierte Claudia Daré, fundadora de Latam Intersect.
Coherencia y ética como activos estratégicos
En este contexto, las organizaciones mejor preparadas son aquellas que cuentan con narrativas claras, coherentes y verificables antes de que ocurra una crisis. La ética, la transparencia y la consistencia ya no son solo valores, sino señales que los algoritmos reconocen y priorizan.
En la era de la inteligencia artificial, la reputación no se improvisa. Se construye todos los días a partir de mensajes claros, coherencia narrativa y una estrategia de comunicación pensada tanto para las personas como para los algoritmos.

