Automatización logística: cuánto avanzó Argentina y qué falta para acelerar las inversiones

El interés por incorporar tecnología crece entre las empresas del sector, pero la adopción depende de la capacidad para financiar proyectos, integrar sistemas y demostrar mejoras concretas en los costos operativos.

 |   28 de octubre del 2026
Automatización logística: cuánto avanzó Argentina y qué falta para acelerar las inversiones

La automatización logística dejó de ser una alternativa reservada a las grandes compañías y empieza a encontrar aplicaciones en empresas argentinas de distintos tamaños. Desde sistemas que optimizan el almacenamiento hasta robots que trasladan pallets y plataformas que coordinan el movimiento de mercadería, las tecnologías disponibles permiten intervenir sobre distintas etapas de la operación. El desafío es determinar cuáles justifican una inversión y qué resultados pueden ofrecer en cada caso.

Un relevamiento de la Asociación Argentina de Logística Empresaria (ARLOG), presentado en noviembre de 2025, muestra que el 79% de los profesionales consultados proyectaba invertir en tecnología de almacenamiento, robotización, automatización, inteligencia artificial y sistemas de seguridad durante 2026. La encuesta, realizada entre más de 500 participantes del sector, también registró que el 70% planeaba ampliar la capacidad de sus almacenes.

La disposición a incorporar tecnología convive con un contexto de presión sobre los costos. En el mismo relevamiento, más del 40% de los encuestados expresó preocupación por el aumento de los costos operativos, laborales y de transporte, además de la baja rentabilidad y las dificultades para sostener la competitividad. Esa combinación plantea una tensión para las compañías: necesitan mejorar la productividad, pero deben justificar cada desembolso en función de su impacto sobre el negocio.

De la digitalización a los depósitos automatizados

La automatización no supone necesariamente reemplazar toda una operación manual por robots. Existen distintos niveles de intervención tecnológica, que van desde digitalizar el inventario y gestionar las ubicaciones mediante un sistema de administración de almacenes (WMS) hasta incorporar equipos que trasladan cargas, sistemas automáticos de almacenamiento y recuperación o soluciones integradas que coordinan buena parte del flujo operativo.

En una primera etapa, la digitalización permite mejorar la visibilidad del stock, registrar movimientos y ordenar las tareas. A partir de esa base, las empresas pueden automatizar procesos específicos, como el transporte interno de pallets, la clasificación de paquetes o la preparación de pedidos. En las operaciones más avanzadas, los equipos y los sistemas informáticos trabajan de manera coordinada para administrar movimientos, asignar recursos y responder a cambios en la demanda.

Los robots móviles autónomos (AMR) son una de las tecnologías que amplían las posibilidades de automatización. Equipados con sensores y sistemas de navegación, pueden trasladar mercadería dentro de una instalación y modificar sus recorridos ante obstáculos. Su aplicación permite reducir desplazamientos manuales y sostener un flujo de trabajo más previsible, aunque los resultados dependen del diseño de la operación y de la integración con los sistemas de gestión.

Un caso local es el de la autopartista WEGA, que incorporó robots móviles para trasladar cargas dentro de su almacén. Según un reportaje publicado por Computer Weekly en diciembre de 2025, la solución se integró con los sistemas de gestión que la empresa ya utilizaba. El proyecto muestra que la robotización también puede aplicarse en una compañía industrial sin que necesariamente deba automatizar todas las etapas del depósito. Las mejoras cuantitativas difundidas en esa experiencia corresponden a datos proporcionados por los proveedores de la solución y no deben extrapolarse automáticamente a otras operaciones.

En una escala mayor, Andreani anunció en abril de 2026 una inversión de US$ 30 millones para automatizar su hub de Pacheco. La instalación, de 70.000 metros cuadrados, incorporó inteligencia artificial, sistemas de clasificación y procesos de preclasificación de envíos, con una capacidad de hasta 26.000 paquetes por hora y 520.000 envíos diarios. El proyecto evidencia cómo la automatización puede responder a operaciones de alto volumen, en las que la velocidad de procesamiento y la capacidad para absorber picos de demanda son variables centrales.

Ambos ejemplos muestran que no existe un único modelo de automatización. La escala de la operación, la cantidad de movimientos internos, la rotación de los productos, la disponibilidad de espacio y la variabilidad de los pedidos condicionan la elección tecnológica. Una solución adecuada para un centro de distribución de comercio electrónico puede no ser conveniente para una planta industrial con movimientos regulares de pallets o para un depósito con menor volumen de actividad.

Inteligencia artificial y nuevas tendencias

La evolución tecnológica no se limita a incorporar equipos físicos. La inteligencia artificial y el análisis de datos también ganan espacio en la planificación de inventarios, la asignación de recursos, la preparación de pedidos y el mantenimiento de los equipos. Su aporte depende, en buena medida, de que la información operativa sea confiable y de que los sistemas puedan intercambiar datos.

Un estudio elaborado por el Intelligent Logistics Systems Lab del Massachusetts Institute of Technology (MIT) junto con Mecalux, publicado en diciembre de 2025, relevó a más de 2.000 profesionales de logística y almacenamiento en 21 países. Según los resultados difundidos, el 60% de los depósitos consultados ya integraba inteligencia artificial, mientras que más de nueve de cada diez utilizaban algún tipo de IA o automatización avanzada. El informe también identificó plazos promedio de amortización de dos a tres años para las inversiones analizadas.

Esas cifras describen una muestra internacional y no representan el nivel de adopción en Argentina. Sin embargo, permiten identificar una dirección: las inversiones se orientan cada vez más a integrar tecnología con información operativa, en lugar de sumar herramientas aisladas. La inteligencia artificial puede contribuir a anticipar necesidades, detectar desvíos y mejorar decisiones, pero su implementación no elimina la necesidad de contar con procesos definidos, datos de calidad y personal capacitado.

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La robótica también avanza hacia equipos más flexibles, capaces de adaptarse a entornos cambiantes y trabajar en coordinación con las personas. Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo sobre la evolución de la robótica en América Latina y el Caribe identifica oportunidades de aplicación en manufactura, logística y otros sectores, junto con desafíos vinculados con los costos, la formación de los trabajadores y la seguridad. La tendencia apunta a automatizar tareas repetitivas, físicamente exigentes o de alto volumen, sin que eso implique que todas las actividades puedan resolverse con el mismo grado de autonomía.

Cómo evaluar una inversión y qué barreras persisten

Antes de incorporar tecnología, una empresa necesita identificar qué problema busca resolver. La falta de espacio, los recorridos excesivos, los errores de inventario, la dificultad para sostener el ritmo de preparación de pedidos o la necesidad de ampliar la capacidad pueden justificar proyectos diferentes. Automatizar sin un diagnóstico previo puede trasladar las ineficiencias existentes a un sistema más costoso, sin garantizar una mejora sustancial.

La evaluación económica debe considerar tanto la inversión inicial como los gastos de instalación, integración, mantenimiento, capacitación y actualización. También es necesario medir los resultados con indicadores comparables: costo por pedido, productividad por trabajador, precisión del inventario, tiempos de preparación, utilización del espacio y nivel de servicio. El plazo de recuperación no puede establecerse de manera general, porque depende del volumen de actividad, del costo de la solución, de los ahorros obtenidos y de la capacidad adicional que permita generar.

En Argentina, el financiamiento y la incertidumbre sobre la evolución de la actividad pueden dificultar la planificación de proyectos de largo plazo. A esos factores se suman el costo de los equipos importados, la disponibilidad de repuestos y soporte técnico, las condiciones de la infraestructura y la necesidad de integrar las nuevas herramientas con los sistemas existentes. Para las empresas medianas y pequeñas, la inversión inicial puede ser una barrera, aunque los proyectos escalonados permiten analizar mejoras puntuales antes de avanzar hacia soluciones más complejas.

La formación también ocupa un lugar central. A medida que se incorporan equipos automatizados, crece la necesidad de personal capaz de supervisar su funcionamiento, interpretar datos, resolver incidencias y mantener los sistemas. La tecnología modifica las tareas y los perfiles requeridos, pero su aprovechamiento depende de que las personas puedan trabajar con las nuevas herramientas.

El avance de la automatización logística en Argentina, por lo tanto, no se mide solamente por la cantidad de robots instalados o por la sofisticación de los equipos. También depende de la capacidad de las empresas para integrar tecnología, ordenar procesos y demostrar mejoras concretas en productividad y servicio. La decisión no pasa por automatizar todo, sino por identificar dónde la intervención tecnológica puede resolver una limitación operativa y sostener una ventaja competitiva.

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Lucas Facundo Martínez

Redactor, periodista y Community Manager para Énfasis Logística Sudamérica desde 2019. Estudiante avanzado de la carrera de Ciencias de la Comunicación, en Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Experiencia como asistente de marketing en ConkerU Consulting, organización de asesoría en comunicación.

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