Por: Victoria Mariano. (*)
Hoy, mantener inventarios suficientes sin sobredimensionar costos logísticos o inmovilizar capital exige mucho más que una buena planificación: requiere una visión integral del flujo de abastecimiento y de los factores que determinan su desempeño. En ese equilibrio —entre eficiencia operativa y disponibilidad efectiva— se juega gran parte de la competitividad de las compañías.
El ciclo de abastecimiento como sistema vivo
El ciclo de abastecimiento no es una secuencia estática de etapas –comprar, recibir, almacenar, distribuir–, sino un sistema vivo en permanente interacción con la demanda y con los proveedores. Cada decisión dentro del ciclo impacta en la disponibilidad final del producto: un cambio en los plazos de entrega, una variación en los lotes de compra o una alteración en la frecuencia de reposición puede amplificar o reducir la ruptura de stock en el punto de venta.
Las empresas que logran excelencia operativa son aquellas que conciben su abastecimiento como un proceso dinámico, donde los tiempos de ciclo, los niveles de servicio y los costos se gestionan de forma coordinada. Comprender la elasticidad del ciclo, es decir, la capacidad del proceso de abastecimiento para adaptarse a variaciones en la demanda, demoras de proveedores o cambios en los volúmenes de reposición sin perder eficiencia, se vuelve esencial para sostener la competitividad.
Disponibilidad vs. eficiencia: un equilibrio que se rediseña
Tradicionalmente, la gestión de stock se entendía como un dilema entre disponibilidad y eficiencia: tener más inventario solía asegurar mejor nivel de servicio, pero también implicaba más costo y capital inmovilizado. Con las condiciones actuales del mercado (plazos de entrega más inciertos, lead times que se alargan y una demanda cada vez más cambiante), ese equilibrio se volvió mucho más difícil de manejar.
Hoy el foco no pasa solo por “cuánto stock tener”, sino por dónde y cuándo tenerlo. Analizar bien las familias de productos, clasificar a los clientes según su criticidad y definir políticas de abastecimiento diferentes para cada caso son pasos clave para evitar excesos o faltantes. En ese sentido, mirar el stock por canal o categoría ayuda a diseñar niveles de servicio que sean realmente sostenibles, sin perder de vista la eficiencia general de la operación.
Tecnología, datos y decisiones ágiles
El rol de la tecnología en la gestión del ciclo de abastecimiento es cada vez más decisivo. Herramientas avanzadas de planificación, visibilidad en tiempo real y análisis predictivo permiten anticipar quiebres de stock y reconfigurar decisiones con rapidez.
Para que los datos sean realmente útiles, conviene considerar aspectos como la consistencia de la información, la rapidez con la que reflejan cambios en la operación, el momento del ciclo en que se analizan y su capacidad de mostrar cómo se relacionan abastecimiento, transporte y demanda. De esta manera, se puede interpretar la información de forma más precisa, proyectar los próximos pasos y detectar cuellos de botella o áreas de mejora en todo el ciclo.
El desafío de gestionar el ciclo de abastecimiento y la disponibilidad de stock no radica solo en la precisión de los cálculos, sino en la capacidad de coordinar actores, procesos y decisiones en un entorno incierto. Las compañías que combinen planificación flexible, una sólida explotación de datos y coordinación efectiva a lo largo del ciclo de abastecimiento podrán sostener altos niveles de servicio con costos controlados.
“Las compañías que saben aprovechar los datos y anticipar cambios en su ciclo de abastecimiento son las que logran convertir la volatilidad del mercado en oportunidades de crecimiento sostenido” afirma al respecto Gustavo Di Capua, Socio de la firma Di Capua Associates.
(*)Director en Di Capua Associates – Supply Chain Consulting.
Leé el artículo completo en la Revista de Énfasis Logística

