Por Paula Chaves, analista de mercados financieros de GH Trading
La escalada geopolítica en Medio Oriente volvió a tensionar a los mercados energéticos y reactivó la preocupación por el suministro global de petróleo. Las tensiones en torno al tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de una quinta parte del crudo mundial— generaron temores sobre una posible interrupción del flujo energético.
El impacto se reflejó rápidamente en los precios. El Brent llegó a rozar los 120 dólares por barril y el WTI también registró fuertes subas en las primeras horas de la reacción del mercado, aunque posteriormente retrocedieron parcialmente. Esta volatilidad refleja la sensibilidad de los inversores frente a cualquier señal sobre la duración o la posible escalada del conflicto.
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El petróleo y el riesgo inflacionario
Más allá del salto inicial en los precios, el factor clave para los mercados es cuánto tiempo podría sostenerse el encarecimiento del crudo. Si el repunte se prolonga, podría trasladarse a la economía global a través de mayores costos de combustibles, transporte e insumos, generando presiones inflacionarias.
Por el momento, los mercados financieros continúan evaluando si se trata de un shock transitorio o de un cambio más estructural en los precios de la energía.
En las bolsas internacionales la reacción ha sido moderada. Aunque los índices estadounidenses registraron una apertura débil por el impacto del petróleo y los temores inflacionarios, posteriormente aparecieron compras selectivas, lo que sugiere que el mercado todavía no descuenta un escenario de crisis mayor.
El papel dual de México
En este contexto, México ocupa una posición particular. Por un lado, el aumento del precio del petróleo puede beneficiar a la economía al mejorar los ingresos por exportación de crudo y aliviar la situación financiera de Petróleos Mexicanos (Pemex).
La petrolera estatal ha priorizado en los últimos meses el abastecimiento de refinerías locales y ha reducido exportaciones, mientras mantiene su producción total —incluyendo socios— en torno a 1,65 millones de barriles diarios.
Sin embargo, México no es un ganador neto de un shock petrolero prolongado. El país sigue dependiendo de combustibles importados y de una cadena energética en la que los precios internacionales pueden trasladarse rápidamente a la inflación interna.
Además, un petróleo caro podría aumentar el costo fiscal si el gobierno decide implementar subsidios para contener el impacto en los precios de los combustibles.
Expectativa en los mercados
El balance para México es, por lo tanto, dual: mayores ingresos por exportaciones energéticas, pero también riesgos para la inflación, el tipo de cambio y el crecimiento económico si el episodio se prolonga.
En el caso de los mercados emergentes, los analistas señalan que una corrección adicional en los activos financieros podría abrir oportunidades de inversión, aunque recomiendan cautela.
La estrategia más prudente, sostienen, es esperar una mayor estabilidad en el frente geopolítico y en el precio del petróleo antes de retomar posiciones con mayor convicción en los mercados emergentes.
Foto: BNamericas

