Última milla: el tramo clave de la cadena agroalimentaria

Trazabilidad, tecnología y coordinación son claves para garantizar que los productos lleguen en tiempo y forma al consumidor.

 |   10 de septiembre del 2026
Última milla: el tramo clave de la cadena agroalimentaria

Fuente: CITET

¿Cómo llegan los huevos, la ternera y la harina con los que preparamos una milanesa? La pregunta parece sencilla. Todos esos productos aparecen cada día en mercados, supermercados, restaurantes y cocinas de todo el mundo, pero rara vez pensamos en el camino que han recorrido hasta llegar allí.

Detrás de una comida cotidiana hay explotaciones agrícolas y ganaderas, industrias de transformación, almacenes, mercados mayoristas, transportistas, distribuidores y comercios. También hay horarios, rutas, controles de temperatura, documentos, sistemas informáticos y personas que coordinan cada movimiento. La última milla es el tramo final de ese recorrido y, probablemente, uno de los más delicados.

En el sector agroalimentario, hablar de última milla significa hablar del viaje que lleva una caja de tomates hasta una frutería, una pieza de pescado hasta un restaurante o una mercancía refrigerada hasta un supermercado. Puede parecer un recorrido corto, pero concentra una gran parte de la complejidad de la cadena, ya que en pocos kilómetros coinciden el tráfico urbano, las restricciones de acceso, los horarios de carga y descarga, la disponibilidad de espacio y la necesidad de que el alimento conserve intactas sus propiedades.

Alimentos que no pueden esperar

Una prenda de ropa o un mueble pueden llegar unas horas más tarde sin que su calidad se vea alterada, pero, la fruta madura, el pescado pierde frescura y los productos refrigerados deben cumplir unas condiciones de calidad y seguridad alimentaria.

Por eso, la última milla en el canal de alimentación exige precisión. La planificación de una ruta debe tener en cuenta la naturaleza del producto, los tiempos de recepción, la temperatura exterior, el tipo de vehículo y las condiciones de acceso al destino. También exige coordinación. Productores, transportistas, mercados, distribuidores y comercios necesitan compartir información para evitar esperas y reaccionar cuando algo se desvía del plan.

La tecnología ayuda, aunque no hace magia. Un sensor puede registrar la temperatura y una plataforma puede mostrar la posición de un vehículo, pero el verdadero valor aparece cuando esa información llega a las personas adecuadas y permite tomar una decisión a tiempo.

El clima también viaja en la furgoneta

Las condiciones meteorológicas extremas son cada vez más habituales y afectan directamente a la distribución. Olas de calor prolongadas, episodios de frío intenso o fenómenos como lluvias torrenciales y nevadas pueden alterar rutas y complicar el acceso a determinados destinos, lo que conlleva que se tenga que revisar la manera de planificar la última milla. Quizá sea necesario adelantar una entrega, cambiar una ruta, reforzar la refrigeración o evitar determinadas franjas horarias.

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La previsión meteorológica empieza a formar parte de la logística diaria, por lo que integrarla con la información sobre pedidos, tráfico y disponibilidad de recursos puede ayudar a prevenir incidencias antes de que lleguen a afectar al producto.

La importancia de la trazabilidad en cada producto

Conocer el origen de un alimento sigue siendo esencial, pero hoy es necesario saber cuándo salió, por dónde pasó, cuánto tiempo estuvo en tránsito y en qué condiciones se mantuvo. Sin una trazabilidad completa, las decisiones se toman con incertidumbre.

Los registros de temperatura, localización y tiempos de transporte aportan seguridad, aunque para que sean realmente útiles deben poder compartirse entre los distintos agentes. Si cada empresa utiliza sistemas que no se entienden entre sí, la información queda fragmentada y pierde valor.

La interoperabilidad tiene aquí un papel decisivo. Una cadena trazable necesita datos fiables y una forma común de transmitirlos. Cuando la información acompaña al producto desde el origen hasta el punto de venta, resulta más fácil anticiparse, actuar con rapidez y generar confianza.

El papel de los mercados mayoristas

Son puntos de encuentro entre la producción y el consumo, espacios en los que se reciben, almacenan, preparan y distribuyen grandes volúmenes de alimentos. Desde ellos salen diariamente rutas que abastecen mercados municipales, comercios de proximidad, supermercados, hoteles y restaurantes.

Lea la nota completa en la Revista Énfasis Logística (pag. 70)

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Redacción Énfasis Logística

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