El costo de transportar cargas en la Argentina desacelera, pero no se detiene

El ICT de FADEEAC registró una suba de 1,66% en agosto, la menor del año. Aunque el combustible moderó su impacto, otros componentes siguen presionando sobre una actividad clave para la competitividad logística.

 |   8 de septiembre del 2026
El costo de transportar cargas en la Argentina desacelera, pero no se detiene

El costo de transportar cargas por carretera volvió a aumentar en agosto. El Índice de Costos del Transporte (ICT), elaborado por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC), registró una suba del 1,66%, la menor del año. La cifra podría leerse como una señal de desaceleración, y efectivamente lo es. Pero hay un dato que obliga a mirar un poco más allá: entre enero y agosto, los costos de la actividad acumularon un incremento del 27%, mientras que en los últimos doce meses la suba llega al 42%.

La película de 2026 tuvo un capítulo especialmente fuerte en marzo, cuando el índice saltó 10,15%, empujado principalmente por un incremento del 24,7% en el combustible. Después llegó una secuencia de aumentos más moderados: 2,42% en abril, 1,91% en mayo, 1,81% en junio, 2,25% en julio y finalmente 1,66% en agosto. La tendencia es clara: el ritmo se desaceleró.

Y ahí aparece una de las claves para entender el momento que atraviesa el transporte de cargas. El principal costo de la actividad, el combustible, tuvo en agosto una variación de apenas 0,48%. La explicación está en la continuidad del denominado esquema de “buffer”, que mantiene contenido el precio de referencia de los combustibles en el mercado local. El mecanismo permitió moderar el impacto del gasoil sobre el índice, incluso en un contexto en el que el Brent llegó a ubicarse entre u$s85 y u$s90 durante la última semana del mes.

Pero cuando un costo deja de empujar con fuerza, otros empiezan a ganar protagonismo. En agosto, Lubricantes encabezó las subas, con un 5%, seguido por Gastos Generales, que avanzó 4,15%. Neumáticos aumentó 2,68% y el Costo Financiero, 2,61%. Es decir, el camión puede cargar combustible a un ritmo relativamente más estable, pero ponerlo a trabajar, mantenerlo y financiar su operación sigue siendo cada vez más caro.

El Personal de Conducción, por su parte, registró una suba del 1,5%, vinculada con la última cuota prevista en el convenio colectivo de trabajo 40/89. El aumento salarial también impactó sobre otros componentes, entre ellos Reparaciones, que avanzó 1,32%. Y este último dato tiene una lectura que excede la estructura salarial: mantener una flota operativa en un escenario de rutas y caminos deteriorados tiene un costo que termina apareciendo, tarde o temprano, en la cuenta logística.

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El resto de los componentes mostró movimientos más acotados. Seguros aumentó 0,85%, Peajes 0,55% y Material Rodante 0,37%, mientras que Patentes y Tasas no tuvieron variaciones durante agosto debido a que sus ajustes son de carácter anual. El ICT, auditado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, releva 11 rubros que impactan sobre las empresas de transporte y funciona como una referencia para la actualización de las tarifas del sector.

La discusión, entonces, no debería quedar encerrada en si el transporte aumentó 1,66% o 2,25% en un determinado mes. El verdadero problema aparece cuando se mira la acumulación: 27% en ocho meses. Porque el transporte no es un costo aislado. Es una pieza que atraviesa prácticamente toda la cadena productiva: desde el movimiento de insumos hasta el traslado de granos, minerales, alimentos, manufacturas y productos terminados hacia los centros de consumo, depósitos, plantas y puertos.

Cada aumento que absorbe una empresa transportista genera presión sobre una cadena que ya trabaja con márgenes ajustados. Puede trasladarse a las tarifas, negociarse con los dadores de carga, absorberse parcialmente o compensarse con eficiencia. Pero, de una manera u otra, el costo aparece en algún punto.

Una agenda que no se resuelve con el gasoil

El dato de agosto también deja planteada una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando el combustible deja de ser el principal problema del mes?

La respuesta aparece rápidamente en el resto de los componentes. Lubricantes, neumáticos, costos financieros, salarios, reparaciones y gastos generales continúan moviéndose. A eso se suma el estado de la infraestructura vial, que impacta sobre el mantenimiento de las unidades, los tiempos de viaje, el consumo y la previsibilidad de las operaciones.

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En paralelo, la política de combustibles sigue siendo un factor a seguir de cerca. La actualización plena de los impuestos específicos volvió a ser postergada mediante el Decreto 693/26, mientras que el Decreto 829/26 extendió el esquema de postergaciones durante septiembre. La contención puede contribuir a evitar nuevos saltos en el corto plazo, pero también deja abierta la pregunta sobre qué ocurrirá cuando esa factura finalmente tenga que aparecer.

Para el sector logístico, el desafío pasa entonces por algo bastante más amplio que conseguir que el índice mensual sea menor. La agenda debería apuntar a bajar estructuralmente el costo de mover cargas, no simplemente a evitar que aumente demasiado rápido.

Eso implica discutir infraestructura, financiamiento, combustibles, seguridad vial, mantenimiento de rutas, peajes, renovación de flotas y condiciones laborales, pero también productividad. Porque si cada kilómetro recorrido cuesta más, si las rutas obligan a reducir velocidades o multiplican las reparaciones y si financiar una unidad se vuelve más caro, la competitividad logística se deteriora aunque el indicador mensual muestre una moderación.

Agosto trae, en ese sentido, una buena noticia: el 1,66% es el menor incremento mensual del año. Pero el 27% acumulado en ocho meses pone el dato en perspectiva. El transporte está aumentando más despacio, sí; todavía falta saber cómo hacer para que, además, transportar sea más barato, más eficiente y más previsible.

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Redacción Énfasis Logística

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