20 de octubre del 2020

Juan Aguilar es el nuevo presidente de FAETyL

 |   20 de octubre del 2020

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En el marco de una sesión ordinaria, la comisión directiva de la Federación Argentina de Entidades de Transporte y Logística (FAETyL) se reunió de manera digital para hacer oficial el traspaso de autoridades. El presidente saliente, Jorge López, se despidió luego de un año de intenso trabajo, en el que se posicionó a la federación como la más representativa del sector.

 

En un encuentro en el que predominó el buen ánimo, se repasó con satisfacción la labor realizada en el último tiempo. Después el ex y primer presidente, Jorge López, se despidió luego de un año de incansable trabajo, fundamental para conformar la federación y lograr que se convierta en la más representativa del sector. Mediante votación, los miembros de la comisión directiva eligieron de manera unánime a quien fuese secretario de FAETyL, Juan Aguilar.

Toda la federación agradece el valor que aportó Jorge desde su lugar para empezar a direccionar el camino y hacer crecer el espacio. Su mirada profesional y gestión fueron indispensables para llegar al lugar que FAETyL ocupa hoy.

Por su parte el flamante presidente Juan Aguilar, a través de su experiencia como presidente de CEDAB y secretario de FAETyL, demuestra amplia capacidad y conocimientos en el quehacer de la federación y en temas relacionados a la distribución y la logística. Desde FAETyL confían en el inicio de un nuevo ciclo exitoso en el sector, con el logro de más objetivos, que se traducirán en oportunidades de negocio para el sector.

Después de la votación la comisión directiva quedó conformada de la siguiente manera: Juan Aguilar, presidente; Ana Morán, vicepresidente; Hernán Sánchez, secretario; Roberto Rodríguez, tesorero; Gustavo Delgado, vocal titular.

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20 de febrero del 2026

En numerosos entornos corporativos, la exigencia constante continúa asociándose con compromiso y ambición. Sin embargo, la evidencia acumulada muestra que la intensidad permanente no garantiza resultados sostenidos. Cuando la agenda se convierte en una sucesión ininterrumpida de urgencias y la disponibilidad total se instala como norma implícita, el desempeño puede mantenerse por un tiempo, pero luego comienzan a aparecer señales de deterioro: decisiones apresuradas, fallas en la ejecución y equipos que, aunque siguen operativos, pierden claridad y energía. En este contexto, el burnout no puede analizarse como una fragilidad individual, sino como una consecuencia de cómo está diseñado el sistema de trabajo.

La Organización Mundial de la Salud incorporó el burnout en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) y lo define como un fenómeno ocupacional resultante del “estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha gestionado con éxito”, caracterizado por tres dimensiones: “sentimientos de agotamiento o falta de energía; aumento de la distancia mental con respecto al trabajo, o sentimientos de negativismo o cinismo relacionados con el trabajo; y eficacia profesional reducida”. Desde una perspectiva organizacional, esta descripción trasciende el plano emocional y remite a una merma concreta en la capacidad operativa. No se trata solo de malestar subjetivo: implica menor calidad en el juicio, en la resolución de problemas y en la consistencia de los resultados.

¿Que se hace frente al bournout?

Frente a este diagnóstico, diversas corrientes de liderazgo plantean un cambio de enfoque: cuidar al equipo no supone disminuir la exigencia, sino rediseñar las condiciones en que esa exigencia se ejerce. La premisa central es que el rendimiento sostenible no depende de esfuerzos extraordinarios permanentes, sino de estructuras claras. Prioridades explícitas, cargas de trabajo razonables, autonomía efectiva y ritmos de entrega compatibles con ciclos saludables son componentes de una arquitectura que protege la energía sin resignar ambición. Bajo esta lógica, el cuidado deja de ser un beneficio accesorio y pasa a formar parte de la infraestructura organizacional.

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Florencia Ribes, Directora y líder en ONT TRUST, sintetiza este enfoque con una afirmación orientada a la gestión: “El desempeño sostenible no se logra apretando más, sino diseñando mejor, prioridades claras, reglas del juego consistentes y equipos con energía para decidir bien todos los días”. La declaración subraya que el problema no radica en la intensidad en sí misma, sino en la ausencia de un marco que ordene y delimite. Cuando el sistema obliga a operar en estado de urgencia continua, la organización puede mantener movimiento, pero compromete la calidad de su pensamiento estratégico.

Uno de los factores que más incide en el desgaste es la ambigüedad sostenida. Cuando todo se presenta como prioritario o las directrices cambian sin criterios transparentes, el equipo entra en una dinámica defensiva. Esa dinámica consume recursos cognitivos que deberían destinarse a la creación de valor. La literatura en gestión del riesgo organizacional coincide en que la incertidumbre mal administrada eleva la probabilidad de errores y conflictos internos. En este escenario, la dupla alto desempeño y cuidado por diseño no implica reducir metas, sino establecer límites y reglas que permitan sostenerlas en el tiempo.

En términos prácticos, este tipo de liderazgo se expresa en decisiones concretas. La primera consiste en fijar prioridades con renuncias visibles: definir qué proyectos avanzan, cuáles se postergan y cuáles quedan fuera. La segunda implica revisar los sistemas de medición para evitar que premien la disponibilidad permanente como si fuera sinónimo de valor. Si las métricas recompensan la urgencia constante, el agotamiento no es una anomalía, sino un resultado previsible. La tercera decisión es integrar la recuperación al propio funcionamiento, incorporando pausas y descansos como parte del mantenimiento preventivo del desempeño, no como una concesión eventual.

Ribes advierte sobre el impacto directo en los resultados: “El burnout es un riesgo operativo, deteriora juicio, sube el error y encarece la rotación. Si el liderazgo no lo gestiona, termina pagando el costo en resultados”. Desde esta perspectiva, la gestión del desgaste se equipara a la gestión de cualquier otro riesgo empresarial. El desafío para quienes conducen equipos no es exigir más energía de manera indefinida, sino administrarla con criterio. En un entorno competitivo, la diferencia no estará en quién presione con mayor intensidad, sino en quién logre que su organización avance con velocidad sin comprometer su capacidad de pensar y decidir con calidad a lo largo del tiempo.

*Fuente: Isaac Bazán, director de RPBLC.

25 de febrero del 2026

En un contexto de márgenes ajustados, mayores exigencias operativas y una aceleración inédita de la transformación digital, el canal de distribución del agro enfrenta decisiones estratégicas que ya no pueden postergarse. Con ese diagnóstico como punto de partida, el Congreso de Distribuidores del Agro – 4ª Edición (CDA 2026) propone una agenda centrada en los desafíos reales que hoy atraviesan productores, proveedores y distribuidores.

El 21 de abril, en GoldenCenter Buenos Aires, referentes del sector abordarán temas clave como la eficiencia en el canal, el impacto de los costos logísticos y financieros, el rol del capital humano en la transformación del negocio y el avance de la digitalización. El encuentro cerrará con una mirada integral sobre la necesidad de repensar los modelos tradicionales para avanzar con éxito en un entorno cada vez más exigente. El foco estará puesto en decisiones concretas, lejos de recetas teóricas y con anclaje en la realidad cotidiana del canal distribuidor.

5 grandes ejes: cuando seguir haciendo lo mismo no alcanza

La jornada comenzará poniendo ese diagnóstico sobre la mesa. No desde la teoría, sino desde la experiencia diaria del distribuidor, que hoy debe tomar decisiones estratégicas en un contexto mucho más incierto y complejo que el de años atrás.

  1. Rol del distribuidor: A partir de allí, el foco se desplaza hacia uno de los debates centrales del encuentro: ¿es necesario reinventar el rol del distribuidor? El eje no está puesto únicamente en la logística o en la tecnología, sino en las personas y en su capacidad para articular procesos, datos y herramientas en un negocio cada vez más demandante.
  2. Eficiencia: Ese planteo se conecta directamente con otro de los grandes temas del CDA 2026: la eficiencia. Costos logísticos, estructura financiera, decisiones comerciales y errores que se repiten, forman parte de un panel pensado para hablar sin eufemismos sobre los factores que hoy condicionan la rentabilidad del canal.
  3. Digitalización: La agenda también dedicará un espacio central a la inteligencia artificial y la digitalización, no como conceptos abstractos, sino como herramientas prácticas para mejorar márgenes, ordenar procesos y competir en mercados cada vez más exigentes. Desde la automatización de tareas hasta el uso estratégico de datos propios, se analizará cómo la tecnología puede jugar a favor cuando se integra con personas, procesos y propósito.
  4. Análisis del canal: En la recta final, la jornada vuelve a mirar el negocio en su conjunto: qué canal va a necesitar el agro en los próximos años. ¿Cómo cambian las demandas de productores y proveedores? ¿De qué manera el distribuidor puede adaptarse a un mercado más digital, exigente y diverso, sin perder identidad ni competitividad?
  5. Sostenibilidad: El cierre del encuentro reunirá miradas complementarias de proveedores, productores y distribuidores, en un panel orientado a debatir cómo construir relaciones sostenibles en un ecosistema agropecuario cada vez más complejo y demandante.

Las voces que protagonizarán el debate

Este año acompañan al CDA 2026 numerosos especialistas y referentes del sector, entre ellos:

  • Marcelo Renzulli, consultor y docente en Logística y RRHH
  • Carlos Lamas, consultor en Desarrollo de Negocios
  • Soledad Fernández (fyo)
  • Santiago Bulat (Invecq Consultora Económica)
  • Sebastián Suárez (Bits0 y ATBS.ai)
  • Juan Pablo Cosentino (IAE Business School)
  • Romina Verstraete (Quintino)
  • Germán Di Bella (Bio4 Argentina)
  • María Sanguinetti (Bayer)
  • Virginia Putignano (tambo La Caridad)
  • Jerónimo Araujo Müller (SIGMA Agro)
  • Álvaro Moreno (INDECAR)
  • Carlos Francescutti (Agrozulkas Lincoln)
  • Diego Peydro (Agro TV).

Asegurá tu lugar

El CDA 2026 se presenta como un espacio de reflexión estratégica y conversación honesta sobre el futuro del canal, que reúne a todos los eslabones productivos de esta cadena, en un momento bisagra para el negocio agroindustrial.

Toda la información sobre la agenda y los conferencistas está disponible en https://cda.enfasis.com/Capacitacion.

La inscripción es sin cargo, con cupos limitados, y ya se encuentra abierta en https://cda.enfasis.com/registro.

Mirá el video donde Luis Mogni, co-organizador del CDA, adelanta los ejes del congreso:

11 de febrero del 2026

Las organizaciones atraviesan un ritmo de transformación sin precedentes: inteligencia artificial, rediseño del trabajo, nuevas regulaciones, sostenibilidad y una rápida evolución de las demandas del talento. Según Harvard Business Review, las personas pasaron de atravesar dos cambios organizacionales por año a más de diez, y ese aumento en la presión interna está acelerando un fenómeno crítico: la fatiga del cambio.

Sin embargo, de acuerdo con datos mencionados en el último ebook de Olivia “Gestión del cambio, en la era de neuroplasticidad organizacional”, las empresas que alinean cultura, prácticas y procesos como verdaderas “conexiones neuronales organizacionales” son hasta 14 veces más propensas a tener éxito en sus transformaciones y reportan reducciones de hasta un 29% en la fatiga del cambio. Esto confirma que la clave competitiva de los próximos años no será la velocidad del cambio, sino la capacidad interna de adaptarse sin agotamiento ni fricción.

Desde Olivia advierten que el problema no reside en la incapacidad humana para adaptarse —el cerebro es neuroplástico por naturaleza— sino en que muchas organizaciones no están habilitando las condiciones para que esa capacidad se active a nivel colectivo. La consecuencia es clara: desconexión emocional, baja productividad y una reducción sostenida en el apoyo del talento a nuevas iniciativas.

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“La neuroplasticidad existe en todas las personas; lo que falta es que las organizaciones creen las condiciones para que esa plasticidad se transforme en comportamiento colectivo», afirmó María Litvachkes, directora de Olivia. “El desafío ya no es limitarse a la implementación de proyectos, sino en entrenar a la empresa para aprender de manera continua. Esto requiere alinear cultura, hábitos y procesos que actúen como un sistema nervioso organizacional capaz de adaptarse sin agotamiento.”

El enfoque propuesto por la consultora se articula en tres ejes clave

  1. Alinear la cultura como el “córtex” de la organización: El mindset colectivo determina cómo se perciben el riesgo, el aprendizaje y la incertidumbre. Sin un liderazgo que cultive seguridad psicológica y propósito compartido (Líder jardinero), cualquier cambio es percibido como una amenaza.
  2. Instalar prácticas que funcionen como hábitos colectivos: Feedback continuo, experimentación y aprendizajes iterativos generan “nuevas conexiones neuronales” que facilitan la adopción, reducen el estrés operativo y fortalecen la confianza en el equipo.
  3. Ajustar procesos y estructuras para sostener la adaptación: Cuando políticas, herramientas e incluso la IA se orientan a escalar estos hábitos, el cambio deja de depender de esfuerzos excepcionales y se vuelve parte del ADN organizacional.

“Necesitamos menos líderes arquitectos y más líderes jardineros. No se trata de diseñar estructuras rígidas, sino de crear entornos fértiles para que la neuroplasticidad florezca en toda la organización”, puntualizó María Litvachkes.

En un escenario donde los cambios se aceleran y la presión sobre los equipos aumenta, Olivia concluye que las empresas que conviertan la neuroplasticidad en una metacompetencia interna no solo reducirán la fatiga, sino que lograrán una transformación sostenible y humana: “El futuro no pertenece a quienes atraviesan más cambios, sino a quienes activan la neuroplasticidad que transforma la fatiga en su mayor fortaleza.”

12 de marzo del 2026

Por Paula Chaves, analista de mercados financieros de GH Trading

La escalada geopolítica en Medio Oriente volvió a tensionar a los mercados energéticos y reactivó la preocupación por el suministro global de petróleo. Las tensiones en torno al tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de una quinta parte del crudo mundial— generaron temores sobre una posible interrupción del flujo energético.

El impacto se reflejó rápidamente en los precios. El Brent llegó a rozar los 120 dólares por barril y el WTI también registró fuertes subas en las primeras horas de la reacción del mercado, aunque posteriormente retrocedieron parcialmente. Esta volatilidad refleja la sensibilidad de los inversores frente a cualquier señal sobre la duración o la posible escalada del conflicto.

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El petróleo y el riesgo inflacionario

Más allá del salto inicial en los precios, el factor clave para los mercados es cuánto tiempo podría sostenerse el encarecimiento del crudo. Si el repunte se prolonga, podría trasladarse a la economía global a través de mayores costos de combustibles, transporte e insumos, generando presiones inflacionarias.

Por el momento, los mercados financieros continúan evaluando si se trata de un shock transitorio o de un cambio más estructural en los precios de la energía.

En las bolsas internacionales la reacción ha sido moderada. Aunque los índices estadounidenses registraron una apertura débil por el impacto del petróleo y los temores inflacionarios, posteriormente aparecieron compras selectivas, lo que sugiere que el mercado todavía no descuenta un escenario de crisis mayor.

El papel dual de México

En este contexto, México ocupa una posición particular. Por un lado, el aumento del precio del petróleo puede beneficiar a la economía al mejorar los ingresos por exportación de crudo y aliviar la situación financiera de Petróleos Mexicanos (Pemex).

La petrolera estatal ha priorizado en los últimos meses el abastecimiento de refinerías locales y ha reducido exportaciones, mientras mantiene su producción total —incluyendo socios— en torno a 1,65 millones de barriles diarios.

Sin embargo, México no es un ganador neto de un shock petrolero prolongado. El país sigue dependiendo de combustibles importados y de una cadena energética en la que los precios internacionales pueden trasladarse rápidamente a la inflación interna.

Además, un petróleo caro podría aumentar el costo fiscal si el gobierno decide implementar subsidios para contener el impacto en los precios de los combustibles.

Expectativa en los mercados

El balance para México es, por lo tanto, dual: mayores ingresos por exportaciones energéticas, pero también riesgos para la inflación, el tipo de cambio y el crecimiento económico si el episodio se prolonga.

En el caso de los mercados emergentes, los analistas señalan que una corrección adicional en los activos financieros podría abrir oportunidades de inversión, aunque recomiendan cautela.

La estrategia más prudente, sostienen, es esperar una mayor estabilidad en el frente geopolítico y en el precio del petróleo antes de retomar posiciones con mayor convicción en los mercados emergentes.

Foto: BNamericas

2 de abril del 2026

En un contexto económico desafiante, marcado por tasas elevadas, inflación persistente e incertidumbre cambiaria, las empresas argentinas están redefiniendo su estructura de costos con un enfoque más estratégico y sostenible.

Según Grupo Gaman, el foco ya no está únicamente en reducir gastos, sino en generar eficiencias estructurales que fortalezcan la competitividad en el mediano y largo plazo, especialmente en sectores clave como la logística y la cadena de suministro.

Un nuevo enfoque para la eficiencia empresarial

Aunque la inflación en 2025 mostró una desaceleración, el escenario sigue siendo complejo. Las organizaciones comienzan a dejar atrás las soluciones coyunturales para avanzar hacia modelos que integran planificación, tecnología y gestión del riesgo.

Este cambio de paradigma resulta clave para sostener la rentabilidad en entornos de alta volatilidad y presión sobre los márgenes.

Planificación fiscal: una herramienta clave para optimizar costos

La optimización impositiva aparece como una de las vías más directas para mejorar el flujo de caja. El Régimen de Economía del Conocimiento permite acceder a beneficios como reducción del Impuesto a las Ganancias, créditos fiscales sobre contribuciones patronales y eliminación de derechos de exportación en servicios.

Este tipo de herramientas se vuelve especialmente relevante para empresas que incorporan innovación y procesos de mejora continua en su operación.

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Gestión integral del riesgo para ganar previsibilidad

En contextos inciertos, la gestión del riesgo se consolida como un eje estratégico. Adoptar un enfoque integral permite a las empresas reducir costos asociados a siniestralidad, mejorar la toma de decisiones y evitar duplicaciones en la gestión.

La articulación de variables como seguros, salud ocupacional y continuidad operativa contribuye a construir estructuras más eficientes y resilientes.

Inteligencia artificial aplicada a la eficiencia operativa

La inteligencia artificial se posiciona como un aliado clave para optimizar procesos y reducir costos. Su implementación permite automatizar tareas, mejorar el análisis de datos y optimizar la toma de decisiones en áreas como logística, finanzas y recursos humanos.

Además, facilita la detección de desvíos y oportunidades de mejora en tiempo real, aportando mayor agilidad y precisión a la operación.

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Gestión del ausentismo: un costo oculto con alto impacto

El ausentismo laboral representa un costo significativo para las organizaciones, afectando la productividad y la calidad del servicio. Su gestión estratégica, basada en datos y políticas preventivas, permite reducir su impacto y mejorar el desempeño general.

Programas de bienestar, monitoreo y esquemas laborales flexibles son algunas de las herramientas que ayudan a disminuir este indicador.

Competitividad sostenible en escenarios desafiantes

Desde Grupo Gaman destacan que las empresas que logran integrar planificación fiscal, gestión del riesgo, digitalización y eficiencia operativa no solo reducen costos, sino que construyen una ventaja competitiva sostenible.

En este contexto, el desafío pasa por transformar el ahorro en una herramienta estratégica que permita anticiparse a los cambios y fortalecer la posición en el mercado.