Un lenguaje para unir el Cono Sur

La presente nota concentra comentarios sobre la franja territorial bioceánica entre Puerto Caldera y Porto Alegre. Aquí, cada autor brega por la concreción de todos los corredores internacionales de la región.

 |   24 de julio del 2026
Un lenguaje para unir el Cono Sur

*Por Federico Weinhold, Daniel Campana, Claudio García, Jorge de Mendonça socios de AIMAS.

América del Sur no se caracteriza ni por su extensión o su población, ni por un PBI bajo frente a otras regiones del mundo. Se caracteriza por algo mucho más simple y grave: no está conectada, y además ha perdido parte de la conectividad que alguna vez tuvo. No es una frase de diagnóstico académico, se trata de una descripción literal de su infraestructura de transporte sobre la región internacional más pacífica del mundo. Que contiene todos los insumos sociales y naturales para avanzar hacia un desarrollo económico suficiente que brinde mejores beneficios a quienes viven allí.

Constante histórica

De haber construido algunos de los ferrocarriles internacionales más desafiantes hace un siglo, cuando se mira en perspectiva regional, el cuadro se vuelve aún más elocuente. Pasar a la desconexión no fue accidental ni inevitable. Fue, en gran medida, una decisión.

Argentina, que alguna vez tuvo la mayor red ferroviaria de América Latina, cortó un corredor bioceánico que perjudicó a todos sus vecinos. De los siete corredores ferroviarios internacionales que la conectaban con los países limítrofes, hoy solo uno tiene actividad parcial —el corredor Salta-Antofagasta—, y los otros seis están abandonados.

El número de fondo es contundente: el 84,3% de las vías ferroviarias anuladas en el Cono Sur corresponde a Argentina. Un solo país explica casi la totalidad de la destrucción de conectividad ferroviaria regional. Esa destrucción no solo afectó a Argentina: afectó a Brasil, a Uruguay, a Bolivia, a Chile, a Paraguay. Afectó a la región como sistema.

Un problema regional que no solo es argentino

Sería un error reducir el diagnóstico a un solo país. La región, en su conjunto, es responsable de su propia desconexión.

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Iquique jamás concretó el enlace ferroviario a Uyuni, lo que hubiera beneficiado a tres países. Argentina nunca completó su parte del Trasandino del Sur, y del lado chileno se levantó lo que ya estaba hecho. El puente de Uruguayana–Paso de los Libres, está en pésimas condiciones viales y su tramo ferroviario abandonado. El sur de Brasil tiene su red casi desconectada de Uruguay y de Argentina (y de mismo Brasil). Paraguay quedó con apenas 2 de los 450 kilómetros que alguna vez tuvo.

El símbolo más claro es el único corredor bioceánico ferroviario de América del Sur en operación histórica: la vía de trocha métrica entre Santos, Corumbá, La Paz, Salvador Mazza, Salta, Socompa y Antofagasta, inaugurada en 1970.

Hoy está cortado y abandonado en varios tramos. Hace casi veinte años, un tramo de 80 kilómetros quedó pendiente de una obra financiada por la CAF, lista para ejecutarse en 2015. En 2018, los fondos se redirigieron para construir un viaducto urbano en Buenos Aires. Ningún país de la región presentó un reclamo formal. La región es responsable, en conjunto, de lo que no construye y de lo que destruye.

Lea la nota completa en la Revista Énfasis Logística (pag.70)

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Redacción Énfasis Logística

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