La logística atraviesa una transformación profunda que ya no pasa únicamente por mover mercaderías de un punto a otro. La irrupción de la inteligencia artificial, el big data y las nuevas herramientas de automatización está redefiniendo la manera en que las empresas planifican sus operaciones, gestionan inventarios y responden a un entorno cada vez más exigente. Lo que hasta hace pocos años era visto como una apuesta de largo plazo hoy se convirtió en una necesidad para sostener la competitividad.
Un relevamiento realizado por la organización empresarial logística española UNO muestra que el 95% de las empresas del sector prevé aumentar sus inversiones tecnológicas durante este año. La mayoría destinará hasta un millón de euros a estos proyectos, mientras que un grupo más reducido prevé desembolsos de entre tres y seis millones de euros. Entre las prioridades aparecen la inteligencia artificial, la automatización, la robótica, el análisis masivo de datos y la ciberseguridad.
Sin embargo, la transformación digital también tiene costos. Los referentes del sector reconocen que la necesidad de acelerar inversiones impactó sobre los márgenes de rentabilidad. Aun así, consideran que se trata de un esfuerzo inevitable para mantener la capacidad de respuesta frente a clientes que demandan mayor velocidad, trazabilidad y precisión en cada etapa de la cadena logística.
En este escenario, el big data aparece como el verdadero punto de partida. Antes de pensar en algoritmos sofisticados o modelos predictivos, las empresas buscan capturar información de calidad, ordenarla y convertirla en una fuente confiable para la toma de decisiones. La inteligencia artificial llega después, como una herramienta capaz de analizar esos datos, detectar patrones y generar recomendaciones que permitan optimizar procesos.
Los especialistas coinciden en que el entusiasmo por la IA no debe ocultar una cuestión central: la calidad de la información disponible. Un sistema inteligente puede procesar millones de registros en segundos, pero sus resultados dependerán de la calidad de los datos que reciba. Por eso, además de tecnología, las compañías trabajan en la estandarización de procesos, la gobernanza de datos y la capacitación de sus equipos para aprovechar el potencial de estas herramientas.
Casos de éxito en el exterior
Los casos concretos comienzan a multiplicarse. HP desarrolló una plataforma global denominada Hawkeye para integrar información proveniente de múltiples sistemas y obtener una visión integral de su cadena de suministro. La solución permite monitorear envíos en tiempo real, identificar desvíos antes de que afecten al cliente y generar predicciones dinámicas sobre los tiempos de entrega mediante modelos de machine learning. El objetivo no es solo conocer dónde está una carga, sino anticipar problemas y actuar antes de que ocurran.
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Una estrategia similar impulsa Danone Waters, que avanzó en la implementación de un sistema centralizado de gestión del transporte para coordinar una operación que involucra decenas de miles de camiones al año. La plataforma permite monitorear rutas, controlar costos, evaluar niveles de servicio y medir la huella de carbono. Pero el principal beneficio surge de la capacidad para construir una base de datos robusta que facilite mejores decisiones comerciales, operativas y estratégicas.
Todo indica que la automatización, la robotización y la inteligencia artificial continuarán ganando terreno durante la próxima década. No obstante, la carrera tecnológica no se definirá por quién incorpore más herramientas, sino por quién logre convertir la enorme cantidad de información disponible en decisiones concretas que generen eficiencia, reduzcan costos y mejoren la experiencia de clientes y operadores. En un sector donde cada minuto cuenta, los datos empiezan a valer tanto como la propia mercadería que circula por la cadena logística.

