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Liderazgo resiliente

Si hay algo que el Covid y la pandemia vinieron a confirmar es que el mundo, y especialmente el mundo del trabajo, se están volviendo más complejo a una velocidad mayor que la capacidad de adaptación de muchas personas y organizaciones.

 |   3 de junio del 2022
Liderazgo resiliente
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Por: Adela Sáenz Cavia (*).

Es que el contexto cambia con tanta rapidez, que requiere un nivel de adaptabilidad y de recuperación realmente asombroso remarcando que, más allá de los diferentes modelos de negocios, hay algo que todos tienen en común: el cambio.

En este sentido, los aprendizajes que podemos rescatar de la resiliencia ofrecen un aporte valioso a los líderes actuales.

Pero… ¿Qué es la resiliencia?

La palabra resiliencia tiene su origen en el latín, en el término resilio que significa volver de un salto, rebotar, resurgir. Es un término que viene, originalmente, de la física en donde refiere a la cualidad de los materiales a resistir la presión, doblarse con flexibilidad y que fue adaptada por las ciencias sociales y la psicología para describir esa capacidad de salir adelante desde la adversidad.

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Entendemos que la resiliencia es la capacidad de personas, grupos y organizaciones de afrontar y sobreponerse a situaciones de gran adversidad. Pero no de cualquier manera: implica salir adelante fortalecidos y transformados. Habiendo aprendido algo que los hace mejores personas y mejores organizaciones. Aprendizajes que puedan, además, ayudar a otros a afrontar sus propias dificultades.

Si bien la idea de resiliencia es compleja, muchos autores que la estudian comparten la visión de que es el resultado de un equilibrio entre factores protectores, factores de riesgo y la personalidad de cada uno (o la cultura en caso de las organizaciones). Sin embargo, hay algo que tiene sí o sí: la resiliencia se construye en la relación con el otro, mediante lo que Boris Cyrulnik (un gran estudioso del tema) definía como “una labor de punto qué, al tejer el vínculo, teje la resiliencia”.

Desarrollar herramientas que sabemos tienen las personas resilientes nos ayuda a estar preparados, emocionalmente, para enfrentar estas situaciones complejas con más recursos, superando la experiencia y generando, porque no, un mayor crecimiento personal y organizacional.

Cuando hablamos de resiliencia es necesario mencionar una de sus características más importantes: la resiliencia no es algo que se tiene o no se tiene, ni es un estado definido y estable, sino que es algo que se construye en un proceso. Es un camino de crecimiento que se construye en red y en función de una visión esperanzadora de futuro.

Las formación de los líderes

Algunas de las competencias que pueden ayudarnos a promover nuestra capacidad de resiliencia, a nivel individual u organizacional, son:

La idea de la red. Como dijimos, la resiliencia se construye en relación con los otros. En ese sentido, la invitación a construir red y a tener un capital comunitario y vincular es fundamental para atravesar la adversidad, porque es muy emocionante lo que sentimos cuando formamos parte de algo más grande que nosotros (que va en contra, tal vez, del principio de la individualidad al que estamos sometidos, sobre todo en las grandes ciudades). Y porque también todos hemos experimentado que, a través de las redes comunitarias, es más sencillo superar la angustia que nos viene cuando nos sentimos solos.

Esta red vincular debe ser en el marco de relaciones positivas que generan un ambiente de confianza y seguridad que aumenta la capacidad de resiliencia del equipo. Confianza en las capacidades colectivas más allá de las capacidades individuales lo que permite completar la tarea de manera efectiva. Equipos que comparten la creencia de que es seguro tomar riesgos juntos. Incluye la capacidad de generar un intercambio abierto, honesto y generoso (comunicacionalmente hablando), la definición clara de los roles y responsabilidades y una forma de interacción coordinada lo que muestra también un alto grado de gestión emocional dentro del equipo.

Orientación al aprendizaje, aprender del error y capacidad para improvisar: las personas y los equipos resilientes convierten los desafíos en oportunidades de aprendizaje y extraen aprendizajes positivos aún de las experiencias más negativas. Para ello es importante tener en cuenta los conocimientos existentes de experiencias pasadas y reconfigurarlos creativamente para desarrollar ideas nuevas, originales y creativas.

Comparten un sentido de propósito y una visión positiva del futuro que les da fortaleza, motivación y perseverancia. Es diferente a tener y alcanzar metas. Es algo más profundo y visionario. Están motivados para perseverar a pesar de los obstáculos, ya que identifican un sentido profundo en lo que hacen. Para definir este sentido claro de propósito el rol del líder es fundamental. El propósito sirve como una fuerza que organiza y estimula los objetivos, gestiona los comportamientos y proporciona un sentido de significado, que permite a los equipos mantener el optimismo a pesar de la adversidad.

La diversidad es otra característica de los equipos resilientes e implica un proceso por el cual los miembros utilizan recursos individuales y colectivos para adaptarse cuando experimentan adversidad. Entienden la diversidad en términos de experiencias de trabajo, conjuntos de habilidades y perspectivas entre los miembros, reconocen el “valor” que cada miembro aporta y considera que estas diferencias son una fortaleza que debe desarrollarse. La diversidad en un equipo permite tener una mira más amplia del problema para una mejor toma de decisiones con mayor cantidad de opciones. La diversidad aumenta la exposición a perspectivas alternativas en relación con las situaciones, lo que permite a los miembros abordar y comprender las cuestiones desde distintos puntos de vista. Esto mejora la comprensión de los problemas y aumenta la capacidad del equipo para generar estrategias más eficaces.

Y claro, los líderes juegan un papel crucial en el desarrollo de un equipo resiliente. Lo hacen al establecer la creación de sentido, la dirección, fomentando un ambiente de seguridad para los miembros y facilitando el aprendizaje.

En definitiva, la resiliencia es una invitación a llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos, desarrollando el máximo de nuestras potencialidades, más allá de la adversidad, dando uso a esa capacidad, a veces poco usada, de dar forma a nuestro futuro.

En una Argentina siempre atravesada por la dificultad, que nos interpela de forma permanente a poner en juego nuestros recursos emocionales –individuales y grupales–, el concepto de resiliencia nos invita a la esperanza y nos inspira a recodar de lo que somos capaces para salir adelante, cuando juntos, enfrentamos situaciones de gran adversidad.

(*)Especialista en competencias socioemocionales, inteligencia emocional y resiliencia. Representante de la Red Internacional de Educación emocional y bienestar.

Nota publicada en Revista Énfasis edición junio 2022. Ingresá aqui.

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Marizú Olivera Orquera

Lic en Comunicación Social, redactora y periodista. Encargada editorial en Énfasis Logística 2021.

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