18 de diciembre del 2020

Crean el Consorcio Logístico Villa Mercedes – Puerto de La Plata

 |   18 de diciembre del 2020

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El Gobierno de San Luis informó que la Secretaría de Estado de San Luis Logística, firmó una Carta de Intención entre el INTA y el Consorcio de Gestión del Puerto de La Plata, dando inicio al Consorcio Logístico que comprende el corredor Villa Mercedes – Puerto de La Plata.

El acuerdo busca mejorar la competitividad y optimizar los costos y procesos logísticos. La iniciativa se orienta a proveer soluciones integrales intermodales con el ferrocarril como eje central, a productores, Pymes y otros dadores de carga.

También se indicó que se trata del primer Consorcio Logístico del país constituido por organismos del Estado nacional y provincial.

«Se considera como una prueba piloto que se espera pueda ser replicada luego del primer año de operaciones en otros puntos del país», se remarcó.

Operatividad

La provincia de San Luis ya cuenta con la ZAL (Zona de Actividades Logísticas (ZAL) en Villa Mercedes.

El Puerto de La Plata comenzaría a adaptar uno de sus muelles como nodo de distribución para el mercado interno, y el INTA, a través del Grupo de Agrologística, dependiente del CIA (Centro de Investigación de Agroindustria) aportará apoyo técnico y análisis logísticos, así como estudios de emisiones GEI (Gases Efecto Invernadero).

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10 de febrero del 2026

*Por: Max. El autor trabaja en YQN Logistics, una empresa de agencia de carga con sede en China, involucrada en las rutas comerciales Asia–América Latina. 

El Año Nuevo Chino, o Festival de la Primavera, es uno de los periodos más influyentes para las cadenas de suministro globales que mueven carga fuera del país. Cada año, observo cómo estas festividades reorganizan simultáneamente los calendarios de producción, el transporte terrestre, las operaciones portuarias y la capacidad marítima.

Aunque gran parte de la industria se centra en el “Año Nuevo Chino 2026”, la realidad es que estos desafíos son cíclicos. Las lecciones aprendidas este año son igual de aplicables en los años futuros, y tratar el Año Nuevo Chino como un factor de planificación a largo plazo, en lugar de una interrupción puntual, marca una diferencia significativa en el desempeño logístico.

En 2026, las vacaciones del Año Nuevo Chino comienzan el 15 de febrero y terminan el 23 de febrero. Aunque el feriado oficial dura aproximadamente una semana, el impacto operativo se extiende mucho más allá de esas fechas. Esta ventana de interrupción prolongada suele ser subestimada por los cargadores que planifican cronogramas de entrega ajustados.

Los cierres de fábricas son uno de los impactos más visibles. Las fábricas pequeñas y medianas suelen suspender la producción del 6 al 25 de febrero, mientras que las fábricas más grandes generalmente cierran del 13 al 25 de febrero. Incluso después de reabrir, la eficiencia de producción a menudo sigue siendo inestable debido a la reincorporación gradual de los trabajadores. Como resultado, los tiempos de despacho de la carga se vuelven menos predecibles, aumentando el riesgo de perder conexiones con los buques.

El transporte terrestre es otro punto de presión importante. A medida que muchos conductores regresan temprano a sus ciudades de origen, la capacidad disponible de camiones cae drásticamente. Al mismo tiempo, la demanda alcanza su pico cuando los cargadores se apresuran a mover la carga antes del cierre de las fábricas. Este desequilibrio casi siempre conduce a costos más altos de transporte terrestre y a una flexibilidad limitada en las reservas, especialmente para solicitudes de última hora.

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Los puertos continúan operando durante las vacaciones, pero no son inmunes a las interrupciones. Es común realizar el llenado temprano de contenedores durante este período, y los contenedores pueden permanecer más tiempo de lo habitual en los patios antes de ser cargados. Esto a menudo resulta en cargos adicionales por almacenamiento en patios de contenedores que nosiempre se incluyen en los presupuestos iniciales.

Las navieras marítimas también ajustan sus redes en torno al Año Nuevo Chino. Tanto MSC como Maersk han anunciado múltiples blank sailings en las principales rutas comerciales Asia–Europa y Asia–EE. UU. durante este período. MSC está cancelando viajes hacia Europa, el Mediterráneo y EE. UU., mientras que Maersk ha confirmado 16 cancelaciones bajo su red Gemini. Con la capacidad reducida, la sobreventa de espacio se vuelve más común, aumentando el riesgo de que la carga se retrase o se reprograme hasta por dos semanas. Combinado con mayores costos operativos, alta demanda y congestión, esto a menudo conduce a incrementos elevados de tarifas (GRI, General Rate Increase).

A fecha del 2 de febrero de 2026, no se han publicado avisos oficiales de navieras que indiquen cancelaciones específicas en la ruta China → Argentina. Sin embargo, es probable que se produzcan efectos indirectos en los servicios hacia Sudamérica, como menor disponibilidad de buques y cierta volatilidad en los horarios, aunque no se anuncien de manera explícita. Por ello, se recomienda planificar los envíos con un margen de tiempo tanto antes como después del Año Nuevo Chino.

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Todos estos factores contribuyen a la incertidumbre en los tiempos de tránsito: fechas de despacho de fábrica inciertas, salidas y llegadas de buques inciertas, y estado de carga y entrega poco claro. Para las cadenas de suministro que dependen de la precisión, esta incertidumbre puede tener repercusiones mucho más allá del propio feriado.

Por experiencia, la forma más efectiva de manejar la logística durante el Año Nuevo Chino es mediante una planificación temprana y disciplinada. Confirma las rutas de envío con anticipación, proporciona los detalles completos de la carga lo antes posible, especifica claramente las fechas de disponibilidad de la carga al solicitar cotizaciones y asegura el espacio en camiones y buques con suficiente antelación. Construir un tiempo de margen es igualmente importante. Planificar con al menos dos o tres semanas de anticipación permite a los cargadores definir cronogramas claros para los pedidos de fábrica, la disponibilidad de la carga y la entrega final.

Un último punto que a menudo se pasa por alto es el envío después del Año Nuevo Chino. Incluso si un envío no es urgente antes del feriado, el espacio debe reservarse con anticipación. Las navieras generalmente priorizan la carga que se pospuso de los viajes previos al feriado, dejando una capacidad limitada para nuevas reservas después de las vacaciones. Las reservas tardías pueden fácilmente generar retrasos de varias semanas.

El Año Nuevo Chino siempre será una prueba de estrés para la logística con origen en China. Las empresas que obtienen mejores resultados no son aquellas que reaccionan a la interrupción de cada año, sino las que aplican estos principios de manera consistente, año tras año.

14 de noviembre del 2025

El cierre de año trae consigo una prueba de resistencia para la logística urbana. Las calles se llenan de entregas, las plataformas en línea no se detienen y las empresas hacen malabares para mantener el ritmo.

Según la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), las ventas digitales crecerán cerca de 18% durante esta temporada, impulsadas por el Buen Fin y las compras decembrinas. Detrás de cada pedido hay una flota que se mueve sin pausa, intentando llegar a tiempo sin disparar costos ni sacrificar eficiencia.

Durante las últimas semanas, acercándose las festividades de fin de año, hemos notado un aumento constante en la demanda de unidades ligeras y medianas para reparto urbano. Las empresas de retail, paquetería y alimentos son las que más se están preparando. Necesitan vehículos que aguanten jornadas largas, recorridos  de corta y mediana distancia eficientes y operación continua”, comenta Julio César Romero, director comercial de ELAM-FAW Trucks México.

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Crecen las entregas de última milla

De acuerdo con Future Market Insights, el mercado global de entrega de última milla alcanzará los 197 mil millones de dólares en 2025 y superará los 352 mil millones en 2035.

“El cliente ya no mira solo el motor o la capacidad de carga. Pregunta por el rendimiento, la conectividad, la garantía. Valora cuánto le cuesta operar la unidad  a lo largo de su vida útil además de la seguridad y confort del conductor y sus acompañantes. Esa es la conversación que más escuchamos en el día a día”, apunta Romero.

La última milla se volvió terreno fértil para la innovación. Cada año más flotas incorporan herramientas de telemetría, mantenimiento preventivo y monitoreo en tiempo real. No se trata solo de tener información, sino de usarla para tomar decisiones rápidas: cambiar una ruta antes de un embotellamiento o detectar una falla antes de que el vehículo se detenga.

“La tecnología transformó por completo la operación. Hoy un operador puede saber desde su celular cuántos kilómetros lleva, cuándo debe parar o qué ruta le conviene más. Esa información, bien usada, se traduce en ahorro y en tiempo ganado”, explica el directivo.

Interés por vehículos eléctricos

La presión por reducir emisiones y aprovechar los beneficios fiscales asociados a la transición energética también está modificando las decisiones de compra. En México crece el interés por unidades eléctricas y por aquellas que usan gas natural vehicular (GNV) donde se aprecian sus ventajas. Además del impacto ambiental, las empresas descubren ventajas financieras y operativas al renovar sus flotas.

De acuerdo con el informe Electric Truck Market Size, Share & Industry Analysis 2023-2030 de Fortune Business Insights, el mercado mundial de camiones eléctricos crecerá a una tasa anual promedio de 36.4% hasta 2030, tendencia que ya está impulsando a los fabricantes a adaptar sus portafolios a nuevas tecnologías de movilidad.

“Las compañías que incorporan vehículos eléctricos descubren beneficios que van más allá del combustible. Pueden trabajar en horarios extendidos, circular en zonas restringidas, así como en días marcados por contingencias ambientales, y acceder a incentivos fiscales que mejoran su rentabilidad. No es solo una decisión técnica, también es estratégica”, menciona Romero.

El desafío no termina con entregar a tiempo. Las empresas que logren combinar rapidez, confiabilidad y sostenibilidad serán las que mantengan su ventaja. Planear rutas inteligentes, anticipar picos de demanda y renovar sus unidades ya no es una opción, sino una condición para seguir compitiendo.

 

16 de marzo del 2026

El Día de San Patricio suele asociarse con desfiles, música y cerveza teñida de verde. Sin embargo, detrás de esa imagen festiva existe una estructura menos visible que resulta decisiva para que la celebración funcione a escala global: una red logística que conecta producción, comercio internacional y distribución urbana para abastecer a millones de consumidores en pocos días.

Aunque la festividad tiene su origen en Irlanda, su expansión durante el siglo XX transformó al 17 de marzo en un evento internacional. Ciudades como Nueva York, Chicago, Buenos Aires, Londres o Sídney organizan celebraciones que movilizan grandes volúmenes de bebidas, alimentos y merchandising temático. Ese movimiento implica semanas de planificación previa para coordinar abastecimiento, transporte y almacenamiento.

En ese escenario, la industria de bebidas ocupa un lugar central dentro de la cadena de suministro. La cerveza, en particular, concentra buena parte del consumo asociado a la fecha. Esto obliga a productores, importadores y distribuidores a anticipar la demanda con pedidos extraordinarios que se canalizan hacia bares, restaurantes y supermercados en los días previos al evento.

La preparación comienza mucho antes de que arranque la fiesta. Distribuidores mayoristas ajustan sus previsiones de venta y amplían los pedidos a fabricantes para evitar quiebres de stock. Al mismo tiempo, operadores logísticos organizan rutas de transporte y reservan capacidad en centros de distribución para gestionar un flujo de mercadería que se concentra en un período muy breve.

Este fenómeno también revela cómo una celebración cultural puede tener impacto directo en el comercio internacional. Irlanda figura entre los principales exportadores de bebidas alcohólicas, con un portafolio que incluye cerveza y whisky distribuidos a más de un centenar de mercados. En el caso del whisky irlandés, su presencia en más de 110 países refleja una red logística global que combina transporte marítimo, operaciones portuarias y sistemas regionales de distribución.

Distribución interna

Una vez que esos productos llegan a los mercados de consumo, la cadena logística entra en una etapa diferente: la distribución urbana. En esta fase, el desafío ya no es trasladar grandes volúmenes entre países, sino asegurar que cada bar o restaurante disponga de suficiente stock durante la celebración.

La planificación de las entregas adquiere entonces un papel clave. En muchas ciudades, los operadores concentran los despachos en los días previos al 17 de marzo, cuando los locales gastronómicos incrementan sus pedidos. Esto exige ajustar cronogramas, ampliar horarios de reparto y organizar almacenamiento temporal para responder al aumento de la demanda.

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La gestión de inventarios también se vuelve determinante. Durante la jornada de celebración, el consumo puede multiplicarse en pocas horas, lo que obliga a distribuidores y comerciantes a mantener niveles de stock que permitan sostener el ritmo de ventas sin interrupciones.

Desde una mirada más amplia, San Patricio forma parte de un conjunto de celebraciones internacionales que generan picos logísticos estacionales. Festividades como el Oktoberfest en Alemania o el Año Nuevo chino en Asia también activan cadenas de suministro específicas, que deben adaptarse a aumentos temporales en el consumo de determinados productos.

6 de abril del 2026

El Índice de Costos del Transporte (ICT) de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC) acumula 15% de incremento en el primer trimestre de 2026 (enero-marzo) y 48% en los últimos 12 meses.

En números:

  • +15% en el primer trimestre de 2026
  • +48% interanual

El dato enciende alarmas en toda la cadena logística.

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El gasoil, en el centro de la tormenta

El principal responsable es claro: el combustible.

  • Suba promedio en marzo: +24,7%
  • Picos en el interior: más del 27%
  • Peso en los costos: 35% del total

En solo un mes, el gasoil concentró más de la mitad del aumento de todo 2025.

Además, el precio actual ronda los US$ 1,60 por litro, uno de los más altos de la última década en la región.

Impacto global + fragilidad local

El salto del crudo Brent (de US$ 65 a más de US$ 100) por el conflicto en Medio Oriente explica parte del fenómeno.

Pero a nivel local, el impacto fue mayor por:

  • Falta de desacople de precios internacionales
  • Debilidad de mecanismos de contención
  • Contexto económico inestable

Todo esto, pese al impulso productivo de Vaca Muerta.

Alerta operativa: ya no es solo costo

El problema escaló: ya no es solo cuánto sube, sino la velocidad del ajuste.

Qué está pasando:

  • Desfasaje de más del 20% en contratos vigentes
  • Empresas operando a pérdida
  • Dificultad para actualizar tarifas

Riesgo concreto:

  • Incumplimientos en servicios
  • Tensión en el abastecimiento

Otros números que impactan

Aunque el gasoil lidera, no está solo:

  • Peajes: +8,26%
  • Personal: +4,57%
  • Costo financiero: +6,46%
  • Lubricantes: +3,67%
  • Neumáticos: +2,13%

Mientras tanto, seguros, patentes y material rodante se mantuvieron sin cambios.

Un sistema bajo presión

El transporte de cargas enfrenta un combo complejo:

  • Costos en fuerte alza
  • Economía desacelerándose
  • Infraestructura deteriorada

El resultado: un sistema exigido al límite, donde sostener la operación empieza a ser tan desafiante como sostener la rentabilidad.

20 de marzo del 2026

Por el Ing. Fabián Chafir, Socio de IFC Consulting (1° entrega).

Leé la segunda entrega de este artículo aquí: Conflicto en Irán: cómo planificar la logística en crisis

El transporte —marítimo, aéreo y terrestre— suele ser el primer termómetro de una crisis geopolítica. Cuando sube el riesgo, no solo se encarecen los combustibles: se encarece la incertidumbre. El conflicto vinculado a Irán, junto con cierres de espacio aéreo y restricciones operativas, está mostrando con claridad cómo un shock regional puede multiplicarse a escala global a través de los flujos de movilidad y de mercancías.

Oxford Economics describió, en un webinar del 5 de marzo de 2026, la detención completa de los embarques de petróleo y gas por el Estrecho de Ormuz debido a riesgos de seguridad y al alza de los seguros marítimos. En términos prácticos, esto implica pausar aproximadamente el 20% del petróleo y del GNL mundial, con un impacto inmediato sobre el “sistema circulatorio” energético que sostiene a todo el transporte.

En paralelo, múltiples aerolíneas han cancelado o reducido operaciones hacia/desde Oriente Medio por cierres de espacio aéreo y aeropuertos, con tasas de cancelación elevadas en hubs clave y suspensión total de operaciones en ciertos casos.

Este artículo aborda el problema desde la óptica del transporte: por qué un cuello de botella marítimo puede redibujar rutas aéreas, cómo la volatilidad del combustible altera la planificación logística, qué ocurre con los seguros, la capacidad y la confiabilidad, y qué estrategias concretas pueden adoptar empresas y viajeros para reducir su exposición.

El Estrecho de Ormuz como “punto único de falla” del transporte energético

En logística, un single point of failure (SPOF) es un componente cuya interrupción paraliza un sistema entero. El Estrecho de Ormuz es un ejemplo clásico: al detenerse por completo los embarques de petróleo y gas por riesgo y por el aumento del costo del seguro para navieras, el shock no se queda en la energía; se traslada a todo el transporte que depende de ella.

Que se pause la salida de aproximadamente el 20% del petróleo y del GNL mundial significa que la variable “combustible” deja de ser un costo relativamente estable y pasa a convertirse en un factor estratégico para la continuidad operativa.

La primera consecuencia para el transporte marítimo es evidente: menos buques, buques desviados, mayores tiempos de tránsito y una caída abrupta en la previsibilidad. Pero el segundo efecto es más sutil: cuando el mercado percibe que la interrupción podría extenderse, la expectativa de precios y la gestión de inventarios empiezan a modificar decisiones en cadena. Oxford Economics sostiene que, para escalar el precio del Brent hacia 100 USD/barril, el mercado debería temer una extensión material de la disrupción; la clave no es solo el evento, sino la duración percibida.

En términos operativos, cada día adicional de incertidumbre obliga a las empresas de transporte a recalcular:

  • Costos directos (fuel, peajes, tasas portuarias y aeroportuarias).
  • Costos financieros (capital de trabajo por stock en tránsito más largo).
  • Costos de riesgo (seguro, war risk premium, cláusulas de fuerza mayor).

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Seguros: el costo invisible que decide rutas y capacidad

Una crisis no “cierra” un corredor solo con amenazas. Lo cierra, muchas veces, con un precio. El reporte destaca que el freno total de embarques por Ormuz se explica en parte por el aumento drástico de los costos de seguro para navieras.

En la práctica, el seguro funciona como un semáforo: si el precio del riesgo se vuelve prohibitivo, la oferta de transporte se contrae aunque técnicamente sea posible navegar.

Para operadores logísticos, esto genera un dilema recurrente: mantener rutas de alto riesgo con recargos (y potenciales demoras) o reconfigurar itinerarios con desvíos que aumentan distancia y tiempo. El resultado típico es una combinación de ambos: capacidad más cara y menor confiabilidad, justo cuando clientes exigen entregas estables (y penalizan los atrasos).

Gas natural licuado: un problema de transporte “sin plan B”

El GNL es, en muchos casos, más crítico para el transporte y la industria de lo que parece, porque su logística es menos flexible. Oxford Economics subraya que el riesgo del gas es más preocupante que el del petróleo: es un mercado más ajustado, con buffers menores.

Además, mientras el petróleo puede eludir Ormuz parcialmente mediante oleoductos saudíes, el gas catarí no tiene una alternativa comparable: solo puede exportarse por vía marítima.

Este punto es central para la problemática del transporte: cuando una mercancía energética no puede redireccionarse por otra infraestructura, la disrupción se transmite con mayor intensidad al precio y a la disponibilidad.

Europa aparece como la región más expuesta por su dependencia del GNL; y si Asia incrementa compras a EE. UU., la presión sobre los precios spot puede ser muy alta. Eso impacta no solo a hogares, sino a toda la cadena de transporte: terminales, almacenamiento criogénico, disponibilidad de energía para procesos industriales y, por extensión, demanda de carga y movimiento de bienes.

Aviación: cierres de espacio aéreo, cancelaciones y efecto dominó

Cuando el espacio aéreo se restringe, el transporte aéreo sufre una doble penalidad: menos operaciones y rutas más largas. El informe de impacto en horarios aéreos indica que cierres de espacio aéreo y aeropuertos forzaron a numerosas aerolíneas a cancelar servicios hacia/desde Oriente Medio, con tasas de cancelación muy elevadas en ciertos aeropuertos y suspensión total de operaciones en algunos casos.
También se registra que algunas aerolíneas reanudaron operaciones de forma limitada, con cronogramas reducidos y sujetos a aprobaciones operativas y condiciones regionales.

Desde la óptica del transporte, esto golpea tres capas a la vez:

  1. a) Pasajeros y turismo. La demanda se desplaza, se reprograma o se cancela. Si un hub permanece cerrado o muy restringido, se generan cuellos de botella en rutas alternativas y presión sobre aeropuertos periféricos.
  2. b) Carga aérea. Muchísimos envíos urgentes (pharma, repuestos, electrónica) dependen de las bodegas de aviones de pasajeros. Cuando se cancelan vuelos, esa capacidad “desaparece” y las tarifas suben.
  3. c) Operación y mantenimiento. Desvíos, esperas y cambios de rotación incrementan horas de tripulación, consumo y complejidad de programación.

El hecho de que ciertos destinos se operen “no todos los días” y que los cronogramas se ajusten según condiciones del espacio aéreo ilustra la pérdida de regularidad, que es el activo más valioso del transporte aéreo.